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Según pasan los años, de Tambo a Cafetería

Situada en avenida Berro 3900, en el barrio de Palermo y a pocos metros del Jardín Japonés, hay una confitería que abrió sus puertas al público a fines de 2023. Lo que muchos desconocen es que en ese lugar existió El Tambito, uno de los primeros centros de distribución urbana de leche, que comenzó a funcionar en 1877.

El TambitoEn El Tambito se vendía leche recién ordeñada durante el día y se transformaba en un reducto de tango por las noches. Cerró sus puertas en 1901, cuando un grupo de malevos mató a un niño de clase alta y tras un período de abandono y deterioro, fue restaurado, para reabrir un espacio de especialidad gastronómica y cultural.

En aquellos tiempos, lo que hoy conocemos como industria lechera, era muy diferente. La oferta de productos lácteos era reducida, simplemente se vendía leche, quesos cremosos, crema, manteca y dulce de leche. Se pasó de la venta callejera, generalmente un vasco que llevaba su vaca hasta la puerta de las casas y allí se ordeñaba y se vendía la leche o los carros de lecheros que transportaban la leche en tarros metálicos, hasta los tambos y con el paso de los años comenzó el desarrollo de la industria láctea, siendo uno de sus precursores Vicente Casares, quien introdujo tecnología y mejoras para la leche y sus derivados.

Es importante destacar, entre otras cosas el importante adelanto que significó pasar del ordeñe manual al ordene mecánico, mediante el cual logró extraerse mayor cantidad de leche y en menor tiempo.

Actualmente, “los robots ordeñadores irrumpieron al principio como simple novedad pero impulsaron un desarrollo que era inimaginable. Hizo que en el término de dos décadas viéramos rodeos que duplicaban su capacidad de producción. Vacas que producen 80 litros y requieren más de tres ordeñes por día".

Asimismo, la posibilidad de reducir la lactosa en productos sin sacrificar calidad, ni sabor, ha permitido que muchas personas que habían dejado de consumirlos por alergias vuelvan a incluirlos en su dieta, sin resignar sensaciones placenteras vinculadas a estos alimentos.

Volviendo al presente, en ese pequeño chalecito que albergó al histórico Tambito, hoy se sirve un rico café, muchas veces cortado con leche y con todo el glamour de un café de autor, que jugando con lo oscuro del café y la blancura de la leche diseña una cubierta artística que le otorga un valor agregado.


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